Esta gatita estaba en un resquicio de un local en la calle Méndez Núñez de Granada. Estaba asustada y arrinconada, y después de unos cuantos arañazos se dejó coger. Al llevarla al veterinario resultó que no tenía chip y que tenía un mes más o menos, tenía la barriguita mal y los oídos llenos de ácaros. Se le puso un tratamiento y ahora se le ve más cómoda: ya no tiene problemas en el estómago y las orejas cada vez más limpias con las friegas que le dan. Ha ganado confianza con su familia de acogida y se pasa el rato durmiendo sobre el sofá o jugando con cualquier cosa que le llame la atención. Necesita un hogar permanente.